Intuición y Movimiento
¿Cuántas veces a partir de ciertas observaciones y hechos conocidos hemos llegado a conclusiones que nos parecían intuitivamente lógicas pero terminaron siendo incorrectas? En mi caso en varias ocasiones.
Muchas veces el método de razonar desde la “intuición” resulta erróneo y conduce a ideas falsas o equivocadas.
Este fin de semana, repasando un entretenido librito escrito por Albert Einstein y Lopold Infeld, titulado “La Física: aventura del pensamiento” encontré un ejemplo concreto de los errores a los que puede llevar un razonamiento basado en pura intuición.
Einstein toma como ejemplo el problema del “movimiento de los cuerpos” y comenta cómo durante siglos se tuvo como verdadera la afirmación al respecto de Aristóteles, nada menos, que en su libro “Mecánica”, expresaba:
“El cuerpo en movimiento se detiene cuando la fuerza que lo empuja deja de actuar”
Aristóteles vinculaba, como intuitivamente a primera vista todos lo hacemos, la velocidad o rapidez en el movimiento de un cuerpo con la fuerza o la acción.
Ahora bien, suponiendo que conducimos un carrito en una calle horizontal y de repente dejamos de empujarlo, sabemos que el mismo recorrerá una cierta distancia antes de detenerse. ¿Cómo podemos aumentar esa distancia?, podríamos engrasar las ruedas o tal vez alisar aún más la superficie sobre la cuál se desplaza el carrito. O sea lograríamos una mayor distancia en el desplazamiento del carrito disminuyendo las influencias externas, aminorando los efectos de la fricción o roce.
Por medio del ejemplo estamos haciendo una interpretación teórica, hasta cierto punto arbitraria, de lo observado. Es por ello, que es útil imaginar un camino perfectamente alisado y ruedas sin roce y así concluir que, en dicho caso, al no existir influencias externas al movimiento, el carrito se movería eternamente a una velocidad uniforme.
Esta forma de razonar científicamente fue introducida por Galileo y nos dice que no debemos creer, siempre, en las conclusiones intuitivas basadas en la observación inmediata.
Finalmente, con respecto del movimiento de los cuerpos, fue Newton quien lo formuló correctamente a través del “principio de la inercia”:
“Un cuerpo en reposo, o en movimiento, se mantendrá en reposo, o en movimiento rectilíneo y uniforme, a menos que sobre él actúen fuerzas que lo obliguen a modificar dichos estados”.
La ley de la inercia no puede inferirse directamente de la experiencia, sino mediante el razonamiento coherente con lo observado. El experimento ideal no podrá nunca realizarse, a pesar de que nos conduce a un entendimiento profundo de las experiencias reales.
Aplicar esta forma de razonar científicamente en todos los órdenes nos hace menos falibles a conclusiones rápidas que suenan bien pero que muchas veces son equivocadas.
Entrada propuesta para la quinta edición del Carnaval de Física en el blog Cienciamania).

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